Que no me inviten a más bodas!

Publicado: 11 abril, 2005 en Humor

     

     Monólogo

Estoy un poco fastidiao’. Acabo de recibir una invitación de boda,
ya me dirán si no es para estar jodido. ¡Será posible! ¡Es que se
te queda la misma cara que cuando te llega una multa!
¡Hale, a soltar pasta!

Porque hay que ver como se desbarra en las bodas. Sobre todo las
mujeres, que no solo se disfrazan de paquete de caramelos,
algunas hasta se ponen fiambrera en la cabeza, que las ves y dices:
"¿Mamá? ¿Eres tú o el soldado Ryan?".

Lo más raro es ese bolsito diminuto que llevan todas,
"¡Anda, una almeja metálica!". ¿Que llevan ahí,
una compresa extraplana? Sin alas, claro, porque asomarían.
Si es que es muy fuerte eso de las bodas.

Una de las cosas que mas odio de las bodas son las esperas:
¡te tiras media hora en la puerta de la iglesia con las manos
sudando llenas de arroz, que cuando salen los novios, lo que les
tiras es arroz a la cubana…! Ahora, que los peores son los niños,
que tiran el arroz a la cara, con una mala hostia:
"En el ojo, macho, le he dao en el ojo….". Y el novio, ahí,
aguantando.

Odio las bodas. Yo, en la ultima no conocía ni a la que se casaba
y cuando fui a darle el beso de rigor, me tuve que presentar:
– Soy Floren, el hijo de la tía Tere, la que no se habla con el
abuelo.

– Ah, encantada, gracias por venir.

Si es que da igual, la novia no se entera, va como drogada, le
podría haber dicho:

– ¿Me prestas un par de kilitos para la entrada de un piso?

– Ah, encantada, gracias por venir.

O:

– Soy el violador del Ensanche, vengo a enseñarte el pito.

Ella hubiera dicho igualmente:

– Encantada, gracias por venir.

Lo que más odio de las bodas es el momento del traslado al banquete.
Tu madre te coloca a tus tías, pero como tu coche es de dos puertas,
las tienes que meter a empujones. El vestido se les sube a las caderas
y van todo el camino enseñando la faja. Pero a ellas todo les hace
gracia:

– Nene, sube la ventanilla, uuuhh, ji, ji, ji, que me despeino,
y sigue, sigue al tio Juan, que se sabe el camino, uuhhh, ji, ji, ji.

¡Ji,ji! ¡Hala, fila de doce coches, tocando la bocina! Y como el
primero se pase un semáforo… ¡emergencia, emergencia! Todo Dios
sacando el móvil:

– Atención, hemos girado a la izquierda, veis al tío Juan, egggg.
Nosotros estamos dando vueltas a la rotonda, eggggg, cogiendo inercia,
egggg, me copias, me copias… Pato rojo a pato azul, hemos perdido
al tío Juan, tío Juan contesta, cambio, eggggg.

Da igual, es un desastre. Cuando llegas, el tío Juan lleva dos horas
sentado y encima te dice:

– ¿Dónde os habéis metido, joder?

Lo único que está bien organizado en las bodas es el reparto
de los idiotas: ponen uno en cada mesa. Pero el resto es un descontrol:
están entrando la tarta y a tu mesa aun no han llevado el chuletón.
Yo siempre me he preguntado porque cortan la tarta con un sable,
¿qué sentido tiene? Como no sea por tener un arma a mano para cuando
entren los de la tuna…

¿Y qué me dicen del vídeo? Se acerca el de la cámara y todo el mundo
se cree que está en El Semáforo: el idiota se pone una servilleta en
la cabeza, el tío Juan canta la jota de siempre y una de las tías llora:

– Hijos míos, que os querais mucho y os respeteis siempre…

¡Hombre, por favor! ¿Esto es lo que pasa el día mas feliz de tu vida?

¡Es todo muy fuerte! Porque después llegan las mujeres con peladillas
envueltas en un trozo de tul y paquetes de cigarrillos gritando:

– Fúmate uno mujer, que estamos de boda.

Y de pronto te encuentras a tu vieja echando humo por la nariz como
si fuera una vaporeta.

A nosotros, en cuanto nos descuidamos, nos colocan un puro.
Yo, a la tercera calada, empiezo a ponerme blanco y lo tiro.

Pero allí están los vigilantes de puros, tan atentos ellos:

– ¿Ya te has fumado el puro? ¡Dale otro al chaval y una copa de coñac,
pa’ que se haga un hombre!

Un hombre, un hombre… ¡hombre, no me jodas!

¡Y el baile! Eso es lo más fuerte. Lo peor es cuando el tío de la
novia la saca a bailar un pasodoble. El tío va to resudao’
con la camisa pegada al cuerpo, le planta la manaza en la espalda,
le sube el vestido medio metro y canturrea mordiendo el puro:

– La ‘ente ‘anta con ardor que ‘iva España, nana na nana nana na,
y España es la mejor, tara ran tan taran tara ro.
Lo que menos entiendo es por que los novios pasan de mesa en
mesa preguntando:

– ¿Qué tal? ¿Habéis comido bien?

A ti te dan ganas de decirles:

– Pues no, la comida era una mierda, y no he dejado de soltar pasta
entre la corbata, la liga y la tuna… ¡Y encima me habéis puesto al
lado del bafle!

Pero no, les dices que todo ha estado perfecto. Y así, con una mentira,
los novios comienzan su vida de casados. Claro que no será la única…

En fin, ¡que vivan los novios, pero a mi que no me inviten a más bodas!.

comentarios
  1. Carolina dice:

    hola!Bueno, pues gracias por copiarme, eso me da la idea de que te ha gustado mi blog…Hasta la vista!Carolina

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