Relato Encadenado, Capítulo 3

Publicado: 10 agosto, 2005 en Textos
 
De camino a casa seguía resonando en su mente la música del local convirtiéndose por un momento en la banda sonora de sus pensamientos, miedos, dudas… Su sensación de ser perseguido aumentaba a cada paso mientras se sumergía en calles oscuras y solitarias como él mismo pero no agusto con ello, así que aligeró el paso como un cobarde con el deseo de llegar cuanto antes a su guarida y esconderse o ignorar al menos por esa noche sus problemas.
Se acostó y aunque con dificultad, consiguió dormirse y anular su consciencia por unas horas.
 
Alrededor de las nueve de la mañana se despertó con los rayos de sol que entraban por la única ventana de la habitación cegando su mirada. Su mente se activó rápidamente recordándole la noche anterior, su vida, quién era y porqué estaba allí.
Decidió levantarse y bajar a algún bar a desayunar para después llamar a su amiga Sara, la única persona que conocía en esa ciudad y que años atrás había sido algo más que eso. Una relación extraña, difícil, dura, complicada, quizás loca… todo lo que sus circunstancias habían hecho de él en este tiempo, un ser lejos de ser normal, alguien diferente al resto de la gente.
 
– ¿Sí?
– Hola, ¿Sara?
– Si, ¿quién es?
– Soy yo… Martin. Estoy en la ciudad y quisiera verte.
– ¡Martin! ¡Vaya sorpresa! ¿qué haces tú aquí?
– Es muy largo de contar… Me preguntaba si podríamos vernos esta tarde, no conozco a nadie más aquí y bueno… tengo ganas de ver una cara amiga.
– Claro. Yo también tengo ganas de verte Martin. Hace años que no sé nada de ti… ¿Te quedas por poco tiempo? 
– No lo sé… ¿podríamos vernos esta tarde entonces?
– Bueno… a las 8 trabajo pero hasta entonces estoy libre.
– Si quieres nos vemos por el centro, no sé… donde te venga bien.
– Vale, ¿a las 6 en el parque?
– Aún no he estado en el centro pero supongo que lo encontraré sin problemas.
– Lo verás fácilmente, es bastante grande.
– Estupendo, ahí nos vemos entonces.
– Venga, ¡hasta luego!
– Hasta luego.
 
Inevitablemente tras colgar el teléfono comenzaron a venirle a la cabeza imágenes, palabras, momentos vividos con ella… cuando un día Martin y Sara eran dos y "todo" era maravilloso. En su rostro se formó una sonrisa recordando los buenos momentos sin poder casi creerse que aquél chico feliz era él y sobre todo, sorprendiéndose al descubrir que un día realmente lo fue.
 
Pensó que debía buscar un trabajo porque el poco dinero que tenía se le iría en unas semanas y se dispuso a recorrer las calles que había andado la noche anterior; esta vez eran luminosas, casi alegres y con vida propia. A la luz del día no se sentía perseguido sino un peatón más de la ciudad. Ésta sensación le entusiasmó y anduvo hasta el mediodía cuando el estómago le dijo que tenía que ingerir algún alimento.
 
Encontró un restaurante italiano bastante pequeño pero le pareció acogedor y decidió entrar.
 
– ¿Mesa para uno? (preguntó el camarero que de italiano no tenía niente)
– Sí, por favor.
– Aquí, señor.
– Gracias.
 
  
 

 
 
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