Reflexiones otoñales

Publicado: 21 noviembre, 2005 en Poesía
 
Reflexiones otoñales
 
 
 
 
 
Observo las visiones traslúcidas en la pared.
Inevitablemente me pregunto algo que no quiero responder:
"¿Acaso es mejor morir hoy?"
 
La vida no importa, pero en ocasiones
se le da demasiado valor a un puño de arena,
a algo que realmente no lo tiene.
 
Esta es una melodía que aunque no tiene letra,
al escucharla sabes de lo que está hablando,
sabes a qué canción me refiero
y lo sabes muy bien.
– Ésta canción es el resto de tu vida,
atrévete a escucharla.
 
De la vida es mejor reírse,
pues todos la dan y la quitan,
como si de dinero se tratara;
unos por accidente,
otros por acuerdo previo.
Yo por eso no la tomo en serio,
ya que al hacerlo, inevitablemente
sales de ella más rápidamente.
 
… Y en la lucha contra el tiempo, ¿quién sobrevive?
 
 
 
Puedo sentir a mis células quemarse bajo la luz nuclear,
puedo sentir a mi cerebro espacial volar por el aire,
puedo sentir mis azuladas viseras escurrir por el piso,
y puedo sentir como la vida me abandona en una esquina,
la esquina en la que con tus ojos brillaré por última vez.
 
El pasado puede rebotar como pelota
y olvidarte en el asfalto.
El odio puede enterrar su filo en tu espalda
y ni siquiera anunciarse.
La sangre puede abandonarte en este momento
sin avisar que te mueres.
El amor puede traicionarte y cortarte en el alma
aún sin pensar que te dejes.
La amistad puede olvidarte en el suelo
cuando la conveniencia lo dicta.
 
A pesar de todo, el sol sigue brillando
con su luz tu existencia sigue quemando.
El diablo, tu humor continúa quebrando
con sus uñas te está desgarrando.
Tú sigues aquí, evitando morirte sangrando
evitando entregarte en un día como hoy.
Con paciencia, el infierno te espera
a tu alma sus puertas aún no se cierran.
… Y tú sigues aquí, esperando el último instante
en el que te enteras, de que nada quedó…
de lo que en tu vida pasó…
 
 
 
 
Depresión…
no conozco esa palabra;
yo vivo en el reino feliz donde el sol siempre brilla
y todos los caminos están sembrados en flor.
En mi cara habita la eterna sonrisa
que nadie es capaz de desdibujar,
y yo, permanezco tan alegre como las lámparas de neón
que iluminan la entrada de cualquier centro de diversión.
 
Tristeza…
¿Será algún estado de ánimo?
no sé cómo sentirla, y no aparece en mi diccionario.
Yo paseo sin problemas, dentro de mi reino feliz
y no me preocupa salir de sus fronteras,
pues la soledad me hace reír.
 
Monotonía…
Aquí no existe; aquí cede su lugar a la magia
la magia de vivir cada nuevo día.
En mi reino no hay porque tener en cuenta a la muerte
pues entre tanta actividad no queda tiempo para sentirla llegar.
 
Dentro de los límites de mi reino feliz
los deseos siempre se cumplen y no existe el rencor,
pues el futuro se escribe siempre positivo
y el pasado se borra sin dejar vestigio en su lugar…
 
Soñar…
lo que me mantiene con vida,
 
Sarcasmo…
¿acaso mi único pasatiempo?
 
 
 
 
La facilidad de la existencia suele confundirte.
No deparas en el valor real del color que observas
y aceleras tu destino,
quizás no lo sepas pero corres a su encuentro
y el día de hoy te va a alcanzar.
Al voltear la cara notarás que de tu paso no quedan huellas
para nadie más,
y descubrirás que ya no hay otra opción.
 
Hasta ahora no habías pensado en el trasfondo de tu vida.
Llegas al punto sin retorno;
en su umbral intentas volver,
pero te das cuenta de que es inútil,
de antemano lo sabes,
y nada puedes hacer.
 
Eres el penúltimo vestigio de una especie en desaparición.
En tu vientre podría viajar el legado de lo que fuera en la historia
un cambio latente, expectante.
Recuerda que no estás sola,
yo estoy aquí para cuidarte;
siempre he estado y nunca me iré.
Déjame ser el guía que te enseñe el camino en este laberinto.
 
El último segundo es la parte más importante de tu vida,
te hace desfilar ante tus ojos los episodios que creías olvidados,
muestra cada detalle de tu decadencia,
te recuerda lo que en verdad sentías cuando por fuera sonreías,
pon mucha atención porque no se va a repetir,
tras él viene la señora de las sombras a invitarte a su recinto.
 
Disfruta su llegada,
no pierdas ni un detalle,
porque un segundo es lo que te queda de vida
y ya nada tiene solución. 
 
 
 
 

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